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Hubo decepción; no hubo rebelión; los Anunnaki volvieron al trabajo. En la Casa de la Vida, en el Abzu, Enki le explicó a Ninmah cómo elaborar el ser.
Llevó a Ninmah a un lugar entre los árboles, era un lugar de jaulas. En las jaulas habÃa extrañas criaturas, algo que nadie habÃa visto en libertad:
tenÃan la parte superior de una especie, la parte inferior de otra criatura; ¡Enki le mostró a Ninmah criaturas de dos especies combinadas por sus
esencias!
Volvieron a la Casa de la Vida, la llevaron a un lugar limpio con un brillante resplandor.
En el lugar limpio, Ningishzidda le explicó a Ninmah los secretos de la
esencia vital,
cómo se puede combinar la esencia de dos especies, él a ella le mostró. ¡Las criaturas de las tres jaulas son muy extrañas, son monstruosas!, dijo
Ninmah.
¡SÃ, lo son!, respondió Enki. ¡Lograr la perfección, para eso se te necesita! ¿Cómo combinar las esencias, cuánto de ellas, cuánto de eso reunir, en qué útero comenzar la concepción, en qué útero deberá dar a luz? Para eso se necesitan tus conocimientos de ayuda y curación; ¡se necesitan los conocimientos de alguien que haya dado a luz, de alguien
que sea madre! En el rostro de Ninmah habÃa una sonrisa; recordaba bien las dos hijas que
habÃa tenido con Enki.
Ninmah supervisó con Ningishzidda las fórmulas sagradas que se guardaban secretamente en los ME,
le preguntaba cómo se habÃa hecho esto y aquello.
Examinó a las criaturas de las tres jaulas, contempló a las criaturas bÃpedas.
Las esencias se transmiten por inseminación de un macho a una hembra,
las dos hebras entrelazadas se separan y combinan para forjar una descendencia.
¡Que un varón Anunnaki fecunde a una hembra bÃpeda, que nazca una descendencia de combinación! Asà dijo Ninmah.
¡Eso hemos intentado, pero ha habido fallos!, le respondió Enki.
¡No hubo concepción, no hubo parto!
Viene ahora el relato de cómo se creo al Trabajador Primitivo,
de cómo Enki y Ninmah, con la ayuda de Ningishzidda, forjaron al ser.
Hay que intentar conseguir otra forma de mezclar las esencias, dijo Ninmah.
Hay que encontrar otra forma de combinar las dos hebras de las esencias,
para que no resulte dañada la porción de la Tierra.
¡Se tiene que configurar para que reciba nuestra esencia gradualmente,
sólo se podrÃa intentar poco a poco a partir de las fórmulas ME de la esencia de Nibiru!
Ninmah preparó una mezcla en un recipiente de cristal, puso con mucho cuidado el óvalo de una hembra bÃpeda,
con ME que contenÃa simiente Anunnaki, fecundó el óvalo;
insertó de nuevo el óvalo en la matriz de la hembra bÃpeda.
¡Esta vez habÃa concepción, habÃa un parto en ciernes!
Los lÃderes esperaron el tiempo previsto para el nacimiento, esperaban los resultados con el corazón lleno de ansiedad.
¡El tiempo previsto se cumplió, pero no hubo nacimiento!
Desesperada, Ninmah hizo un corte, lo que habÃa sido concebido extrajo
con tenazas. ¡Era un ser vivo! Enki exclamó con regocijo. ¡Lo conseguimos!, gritó Ningishzidda jubiloso.
Ninmah sostenÃa en sus manos al recién nacido, pero ella no estaba llena de gozo:
el recién nacido tenÃa pelo por todas partes, su parte superior era como las de las criaturas de la Tierra,
las partes inferiores se parecÃan más a las de los Anunnaki.
Dejaron que la hembra bÃpeda cuidara del recién nacido, que mamara su
leche. El recién nacido creció rápido, lo que en Nibiru era un dÃa, era un mes en
el Abzu. El niño de la Tierra se hizo más alto, no era a imagen de los Anunnaki;
¡sus manos no se adaptaban a las herramientas, y no emitÃa más que gruñidos!
¡Tenemos que volver a intentarlo!, dijo Ninmah. Hay que ajustar la mezcla;
¡Dejadme ensayar con los ME, dejad que haga el esfuerzo con este o aquel ME! Con la ayuda de Enki y de Ningishzidda repitieron los procedimientos,
Ninmah consideró cuidadosamente las esencias de los ME,
tomó un poco de uno de ellos, tomó un poco de otro de ellos,
luego fecundó en el cuenco de cristal el óvalo de la hembra de la Tierra.
¡Hubo concepción, cuando se cumpliera el tiempo habrÃa nacimiento!
Éste se parecÃa más a los Anunnaki;
dejaron que la madre le diera de mamar, dejaron que el recién nacido se
convirtiera en niño.
Por su aspecto, era atractivo; sus manos estaban conformadas para sostener herramientas;
pusieron a prueba sus sentidos, los encontraron deficientes: el niño de la Tierra no podÃa oÃr, su visión era vacilante. Una y otra vez, Ninmah reajustó las mezclas, de las fórmulas ME tomó
pizcas y trozos; un ser tenÃa los pies paralizados, a otro le goteaba el semen, a otro le temblaban las manos, a otro le funcionaba mal el hÃgado; otro tenÃa las manos demasiado cortas para alcanzarse la boca, otro no tenÃa los pulmones adecuados para respirar. Enki estaba decepcionado con los resultados. ¡No conseguimos el
Trabajador Primitivo!, le dijo a Ninmah.
¡Estoy descubriendo a través de ensayos lo bueno o malo en este ser! Respondió Ninmah a Enki. ¡Mi corazón me anima a que siga intentándolo! Una vez más, Ninmah hizo una mezcla; una vez más, el recién nacido era deficiente.
¡Quizás el déficit no se encuentre en la mezcla!, le dijo Enki.
¡Quizás el impedimento no esté ni en el óvulo de la hembra ni en las esencias!
¡De lo que la Tierra misma está forjada, quizá sea eso lo que falta!
¡No uses un recipiente de cristales de Nibiru, hazlo de la arcilla de la Tierra!
Asà dijo Enki, en posesión de gran sabidurÃa, a Ninmah.
¡Quizá se requiera lo que es la propia mezcla de la Tierra, de oro y cobre!
Asà animó Enki, el que sabe cosas, a Ninmah, para que usará la arcilla del Abzu.
En la Casa de la Vida, Ninmah hizo un recipiente, lo hizo con la arcilla del Abzu.
Como un baño purificador conformó el recipiente, para hacer dentro de él la mezcla.
Puso con cuidado el óvalo de una hembra terrestre, de una bÃpeda, en el recipiente de arcilla,
puso en el recipiente la esencia vital extraÃda de la sangre de un Anunnaki,
a través de las fórmulas ME se dirigió la esencia y poco a poco y con mesura fueron añadidas al recipiente,
después, insertó el óvalo asà fertilizado en la matriz de la hembra terrestre.
¡Hay concepción!, anunció alegre Ninmah. Esperaron el tiempo del nacimiento.
Cuando se cumplió el tiempo, la hembra terrestre comenzó a parir,
¡un niño, un recién nacido estaba a punto de llegar!
Ninmah extrajo al recién nacido con las manos; ¡era un varón!
En sus manos sostuvo al niño; Enki y Ningishzidda estaban presentes.
Los tres lÃderes se echaron a reÃr alegremente,
Enki y Ningishzidda se daban palmadas en la espalda, Ninmah y Enki se
abrazaron y se besaron. ¡Tus manos lo han hecho!, le dijo Enki con un destello en los ojos.
Dejaron que la madre diera de mamar al recién nacido; éste creció más
rápido que un niño de Nibiru.
El recién nacido progresó de mes en mes, pasó de bebé a niño.
Sus miembros eran adecuados para el trabajo, hablar no sabÃa,
¡no comprendÃa las palabras, emitÃa gruñidos y resoplidos! Enki valoró el asunto, tomó en consideración lo que se habÃa hecho en
cada paso y en cada mezcla. ¡De todo lo que hemos intentado y cambiado, hay una cosa que nunca se
ha alterado!, le dijo a Ninmah: siempre se ha insertado el óvalo fertilizado en la matriz de una hembra
terrestre;
¡Quizás sea la obstrucción que queda! Asà dijo Enki. Ninmah miró a Enki, lo contempló desconcertada. ¿Qué, en verdad, estás diciendo? De él, exigÃa ella una respuesta. ¡Estoy hablando de la matriz que da a luz!, le respondió Enki. De quién nutre el óvalo fertilizado, de quién da a luz; para que sea a nuestra imagen y semejanza, ¡quizás se necesite una matriz
Anunnaki! En la Casa de la Vida hubo silencio; ¡Enki estaba pronunciando palabras
nunca antes escuchadas! Se miraron uno a otro, estaban pensando en lo que podrÃa estar pensando
el otro.
¡Sabias son tus palabras, hermano mÃo!, dijo Ninmah por fin. Quizás se insertó la mezcla correcta en la matriz equivocada; Ahora bien, ¿dónde está la hembra entre los Anunnaki que ofrezca su
matriz, para crear quizás al Trabajador Primitivo perfecto, para llevar quizás un
monstruo en su vientre? Asà dijo Ninmah, con la voz temblorosa. ¡Deja que le pregunte a Ninki, mi esposa!, dijo Enki. Convoquémosla a la Casa de la Vida, para exponer el asunto ante ella. Se estaba volviendo para marcharse cuando Ninmah le puso la mano en el
hombro:
¡No! ¡No!, le dijo a Enki.
¡Yo hice las mezclas, la recompensa y el peligro deben ser mÃos! ¡Seré yo la que proporcione la matriz Anunnaki, la que afronte el buen
o el mal hado!
Enki inclinó la cabeza, la abrazó suavemente. ¡Asà sea!, le dijo. Hicieron la mezcla en el recipiente de arcilla,
unieron el óvalo de una hembra terrestre con la esencia masculina Anunnaki;
Enki insertó el óvulo fertilizado en la matriz de Ninmah; ¡hubo concepción!
¿El embarazo, concebido por una mezcla, cuánto durará?, se preguntaron uno a otro.
¿Serán nueve meses de Nibiru? ¿Será nueve meses de la Tierra?
Después que en la Tierra, antes que en Nibiru, llegó el parto; ¡Ninmah dio a luz a un varón!
Enki sostuvo entre sus manos al niño; era la imagen de la perfección.
Palmeó las partes traseras del niño; ¡el recién nacido emitió los sonidos adecuados!
Le pasó el recién nacido a Ninmah; ella lo levantó entre sus manos.
¡Mis manos lo han hecho!, exclamó victoriosa.
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