Bueno, acá mi fic:
Tokyo Godfather's Neighbor
[justify]Pensar que hace un mes estaba invitando los tragos, y hoy estoy donando sangre para comer las galletas y los juguitos que regalan, a veces las cosas no salen como uno lo espera.
-Gracias señor Isegawa, aquà tiene, tome en este momento los jugos y -dirigiéndose al enfermero- Jorge, me pasas unas galletas.
-Ya no quedan doctora.
-Bueno, por favor, pase a la sala a descansar un momento y tomar los juguitos, luego puede retirarse.
¡Ja!, vaya suerte la mÃa, “ya no quedanâ€, ¿ya no quedan?, ahora sà que la veo negra, hoy pasará a los anales de mi historia como uno de los peores dÃas, lo más probable es que lo olvide pronto, neeee, ¡qué digo!, si no suelo olvidar cosas asÃ, aún recuerdo el dÃa en que conocÃa al padre de mi primer corteja... TenÃa 15 años y me invitaron a cenar, entré a la casa, abrió Aiko, me invitó a pasar a la sala de estar, todo pulcramente ordenado, uno de esos lugares donde se nota que la familia pasa tiempo junta y se reune a ver la tele, y me senté, justamente, en el sillón del padre de mi novia, de ahà que entra él, un occidental de unos cincuenta años, de piel blanca como la cal y rostro rojizo por el sol, se me acerca, me mira, dice: “El que te folles a mi hija no significa que tengas un lugar en esta casaâ€, yo me espanté, vaya principio.
Me pregunto qué comeré... ¿qué será de Akinari?, hace como tres o cuatro años que no hablamos, jejeje, aún recuerdo las farras que le metÃamos en su casa cuando viajaba su madre, ¡qué tiempos!, ¿será que se terminó casando con la peluquera esa?... Sigo con hambre.
-¡Kisho!, ¿eres tú?, ¡tanto tiempo!, ¿qué ha sido de tu vida?
-Nada, acá, saliendo de donar sangre.
-¡utá!, vos no has cambiado en nada, siempre tan altruista, hasta sigues vistiéndote revolucionario como en la U, y mirame a mÃ, esclavizado al traje, jajaja, que alegrÃa verte, bueno, te dejo hermano, nos llamamos.
Quién habrá sido, si no me acuerdo es porque no importa, y si importa, bueno, en otra me acordaré; asà que sigo revolucionario, jajaja, si supiera que es que no tengo plata para comprarme ropa, y que casi toda mi ropa la quemó Hanako, ¿quién imaginarÃa que terminarÃamos tan mal?, ahora que me acuerdo, terminamos demasiado mal y por tonterÃas, salimos a celebrar nuestro segundo año de matrimonio, y decidimos hacerlo solos como pareja, fuimos de bar en bar como antes de casarnos, entre lugar y lugar, un amigo se acercó a saludarnos, dijo que se alegraba de que siguiéramos juntos, y por hacer una broma mi esposa se inventó que nos divorciamos, y que también nos encontramos ahà esa noche, le seguà la corriente. Esa misma noche me echó en cara que llevase tan bien nuestra falsa ruptura y me botó de la casa, yo me esperaba que se le pase pronto, lo que no me esperé es que al dÃa siguiente ya estuviera viviendo con ella su “amigo de la infancia†que la “acompaña para consolarlaâ€, espero que disfrute de todo mi trabajo ese pelotudo.
Ya es casi el medio dÃa, me pregunto dónde quedarán esos famosos comedores de beneficiencia, pensar que yo solÃa donar mensualmente una suma y jamás me enteré dónde quedaba... Por lo menos no estoy tan jodido como Letsuna, se fue a vivir a España el 2008, consiguió trabajo y trepó rápido en no se qué empresa, en diciembre de 2010 no le renovaron el contrato gracias a las leyes españolas para aliviar el desempleo, ya que el Estado subvenciona a las empresas si contratan a alguien que esté desempleado, ridÃculo, en lugar de generar más fuentes, todo se mantuvo como estaba, el jodido fue Letsuna que no encuentra trabajo estable hasta ahora, por lo que me cuenta por internet que, de rato en rato, hay semanas que come.
Por fin comà algo, y de lo más gracioso, quién pensarÃa que la madre de una ex novia de colegio estarÃa por la calle y me invitara a comer algo porque se sentÃa sola, jejeje, lo triste es que si querÃa a su hija, dicen que lo valioso de una primera vez es eso mismo, jamás puede repetirse, aún recuerdo que después del rompimiento quise masturbarme con unas fotografÃas que tenÃa de ella, en lugar de exitarme terminé llorando.
Media noche, hace frÃo, pero la calle, cuyos muros y paredes son las casas que la rodean, y sus puertas y ventales ella misma, alberga más calor que el salón de una funeraria. Cuando tenÃa cuatro años fui al funeral de mi abuela, los funerales siempre me resultaron extraños, más que nada por tratar familiarmente a gente totalmente desconocida, como son tÃos, primos y otros, compartimos apellidos, sólo eso.
De nuevo empieza a helar los huesos el frÃo, hace tanto frÃo esta noche como no sentÃa desde que perdà mi virginidad, o castidad para aquellos que creen que la virginidad sólo se pierde siendo penetrado. Ese dÃa fue memorable, para empezar, lo hice con una amiga a la que di pena por terminar con mi corteja, fue en mi cuarto, llegamos de una fiesta procurando hacer el menor ruido posible, entramos, y la ventana estaba abierta, por la existación ni nos dimos cuenta, lo mejor fue a la mañana siguiente, toda la casa sabÃa que tiré por primera vez esa noche, no hubo quien no haya escuchado hasta el menor detalle de la conversación oral y epidérmica, por el frÃo terminé resfriado, y de paso, con todo el mundo en contra mÃa: mi madre porque dijo que yo era muy joven, mi hermanastro porque “tomé prestado†un preservativo suyo, mi mejor amigo porque la he perdido antes que él, la chica en cuestión por terminar casi instantáneamente, y el perro por dejarlo fuera del cuarto para que no nos molestara, el único que parecÃa contento y orgulloso era mi padrastro, luego caà en cuenta que más que alegrÃa y orgullo de padre, era la idea de que empezarÃa a tirar frecuentemente y mi madre me echarÃa de la casa.
Ya va a amanecer, la calle está toda iluminada y hay gente ajetreada yendo de aquà para allá por la navidad, en este momento mi única compañÃa son una niña, un viejo y un travesti cargando un bebé, uno de ellos parece estar herido, ¡vaya fiestas![/justify]