Princesa Inca: La Mujer- Precipicio
“Que la poesÃa haga daño. Que meta la mano hasta arrancarte el estómagoâ€
-No son Palabras, sino Gritos.- Princesa Inca. Cristina MartÃn
Por Rose Bellatrix
Sobre La PoesÃa y Yo
“La poesÃa es para mà un territorio de libertad absoluta donde todo está permitidoâ€.- Princesa Inca, Cristina MartÃn (1979).
[justify]Hace tiempo ya que no habÃa leÃdo poesÃa. Por falta de tiempo, por falta de libros, por falta de recomendaciones…en fin. Las razones pueden ser infinitas para los que solamente quieren poner algunos “pretextosâ€.
HabÃa extrañado la poesÃa. Llevo dentro de mà una época de recuerdos dulces, al tener alrededor de doce años, donde me descubrà a mi misma como apasionada escritora a través de la poesÃa.
Porque es mágica.
Era la época del amor, de la adolescencia y de los más puros sentimientos. Época de desorientado amor dirigido simplemente a la complementariedad de las almas en lo infinito donde el amor platónico es posible.
Esa fue mi época.
La primera vez que escribà una poesÃa (como deber en el colegio) el profesor no creyó que yo habÃa escrito aquella primera poesÃa que nace del corazón y casi con inspiración forzada. Me sorprendió. ¿Qué no habÃa escrito yo aquello? No me creyó, simplemente, y luego, supe que parte de lo que sentÃa, los sentimientos y pensamientos podÃa plasmarse en papel, sin reglas, sin normas, solo sentimiento.
“La relación entre el arte y la locura es constante. Es casi un lugar común. La creación está llena de locos y la vida cotidiana también. A veces consideramos locos a aquellos que tienen otra manera de mirar las cosas, una acusada sensibilidad, una inclinación a la rebeldÃa o al desafuero. A veces los miramos mal o con temor porque no sabemos cómo van a reaccionar, en qué momento asomará de sus labios o de su paleta o de su cámara de fotos un fogonazo de turbación, de grito o de desespero.â€.- nos dice una crÃtica hacia este hermoso libro. Mujer Precipicio, Princesa Inca de Cristina MartÃn.
No habÃa considerado el libro más que por la casualidad que se tiene al ver la crÃtica y encontrar el sentimiento ahÃ, casi como un deber obligándonos a leer, por el simple hecho de poder identificarnos y sentirla poesÃa.
“Los suyos no son poemas perfectos, pero tienen el vigor de la sinceridad, la extraña virtud de la alucinación, el desgarro de quien intenta decir lo indecible o la espiral de los presagiosâ€
Hoy comienzo el libro, que por suerte encontré en PDF cuando realizaba una investigación bibliográfica acerca de la Locura en el Incario. Me emociona, porque, durante la descripción, encuentro la magia de aquella poesÃa infinita y grande, como las emociones, reflejada en poesÃas que no están dirigidas a rimar ni ser perfectas, sino que tienen el fin en sà mismas.
Iguales a las que fueron las mÃas, un dÃa.
Y comienzo con esta protesta a la vida que es la poesÃa, y que toca mi corazón hasta desgarrarlo, como nos expresa ella, porque la poesÃa no son palabras, sino gritos a la vida.
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No son palabras sino gritos
Que la poesÃa haga daño. Que meta la mano hasta arrancarte el estómago.
Que la poesÃa no sea hermosa ni nos haga acudir a teatros, a salas de actos pulidas y con sillas en fila.
Que la poesÃa provoque el vómito, la fiebre, que no nos deje dormir en mitad de la noche.
Que no venga después de ella el amor, la calma o una cena,
que venga el hueco, la vigilia, el laberinto, el vagabundeo sin
origen ni final.
Que no haya final después de ella, que agarre los ojos y los
vacÃe
para poder ver más allá de ellos.
Que ensucie el agua, la boca, la sangre, que bese la derrota,
que rasque la costra de la herida para que sangre.
Que duela, que duela hasta quebrar la hipocresÃa, la apariencia,
que queme, que no sea ni un canto, ni un suspiro,
que tenga la fuerza rabiosa de la vida. No cantos sino gritos.
No son palabras sino gritos lo que pongo ahora en tu mano.
Repito: no son palabras sino gritos lo que tienes ahora en
tus manos.
VacÃos del existir. Gritos. Insomnios parecidos. Gritos.
No hay álamos ni brisas... Ni paisajes, ni amor, ni nostalgia.
Gritos.
Te grito al oÃdo que me duele el mundo hasta casi morir.
Son gritos, te repito, no palabras, lo que escribo aquÃ.
Y no es la poesÃa un lugar donde yo jugar...
No implico a nadie, no corrijo...
No es para mà la poesÃa un sitio donde jugar...
Sino un lugar donde sufrir y a la vez dejar de sufrir.
Me alimenta, la necesito para vivir.
Y tal como llega la palabra llega el vómito,
y llega una paz para mi cuerpo, mis ojos,
para mi alma-vientre dolorida...
Llega una paz para mi cigarro hundido en la piel,
la paz de una mujer cenicero,
o una culebra sucia o reina, da lo mismo.
No se trata para mà de un trabajo, no me esmero, no cuadro, no
perfilo, no borro, no reviso, no perfecciono. Son gritos.
Quememos la poesÃa sin alma, sin dolor, sin rabia, sin verdad.
Quememos una vida sin poesÃa, sin dolor, sin rabia, sin verdad...
Como la pintura que se vende para hacer conjunto con los
muebles, como la música para escuchar de fondo.
alamedas y psicotrópicos
PoesÃa de mentira, pasatiempo, osadÃa del hipócrita,
escultura para hacer conjunto con el mobiliario.
PoesÃa verdadera; vómito de gentes. PoesÃa que ni es poesÃa siquiera...
Porque la poesÃa es vida; sólo vida... En palabras que gritan...
Es grito.
Porque os repito: no son palabras sino gritos lo que escribo.
Princesa Inca
Cristina MartÃn