Habia una vez un chico llamado Vicente Elotes, que era alérgico al maÃz desde un trauma de infancia, que le provoco Pepito Perichico, jugando a la pelota. Un dÃa, mientras corrÃan por el campo Vicente se encontró con que se habÃa extraviado y que tenÃa dos caminos: uno, el seguir por un bosque tenebroso o pasar por el campo de maÃz que tenÃa al otro lado.
Para Vicente Elotes la decisión era fácil, el campo de maÃz, pues sabÃa que preferÃa morir dolorosamente en los campos del Señor, antes de adentrarse en los terrenos del demonio que bien se sabe habita en los bosques tenebrosos...
Pero cuando estuvo a punto de dar el primer paso hacia el campo de maiz algo salió mal, dolorosamente mal...cuando la vista se le nubló y el dolor en el pecho le impidió seguir su camino; postrándolo repentinamente en el suelo; dejándolo con el último recuerdo de una voz extraña y un aroma de la infancia poco recordado antes de perder completamente la conciencia.
Era el perfume de Jacinta Jenoveva Jetrudes Jerez Juares, vecina de Vicente y amiga de la infancia.